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Aéreas de bajos vuelos

 

Rosa Abejón

 

Se acabó lo de no reparar en gastos cuando se trata de un viaje de negocios; las empresas también se están apretando el cinturón, y eso se traduce en una menor ocupación de la clase business de los aviones, su principal fuente de negocio. La crisis está golpeando duramente a las aerolíneas, un sector con unas cuentas ya de por sí complicadas. Por suerte, las vacaciones son sagradas, y el ritmo de descenso de la venta de billetes se ha suavizado durante el verano, pero el otoño y el invierno se presentan difíciles.


Las compañías aéreas lo tienen complicado. La crisis hace que nos lo pensemos dos veces antes de coger el avión, y esto se nota especialmente entre sus mejores clientes, los de negocios. Aunque las grandes compañías de todo el mundo están reduciendo su capacidad para adaptarse a la caída de la demanda, no lo hacen lo suficientemente rápido; así, según la IATA (International Air Transport Association, la patronal mundial de las aéreas), el número de pasajeros que surcaron los cielos descendió casi un 3% en julio respecto al año anterior, y esta cifra se considera buena en comparación con la de junio, que fue del -7,2%, y sobre todo de mayo: el peor mes de 2009, con un descenso de la demanda del 9,3%. La patronal de las aéreas señala, además, que muchas compañías han mantenido o aumentado la ocupación de sus aviones gracias a las ofertas, lo que a finales de año puede traducirse en unos lustrosos números rojos. Especialmente dolorosa resulta la contracción del mercado “premium”, es decir, el de los viajeros de las clases primera y business: éstos volaron un 19% menos durante el primer trimestre del año (siempre en comparación interanual), un 22% menos en abril y un 24% menos en mayo, mes que marca el récord negativo del año también para la clase económica. La IATA, que ya era pesimista respecto a las finanzas de las compañías a principios de año, ahora lo es mucho más, y tras calcular que durante el primer trimestre de 2009 el sector perdió en conjunto 3.000 millones de dólares, considera que cerrará el ejercicio con unos números rojos de 9.000 millones.
La situación no es mejor en el mercado español; de acuerdo con los datos de Aena, durante el mes de julio los aeropuertos españoles acogieron a 20,4 millones de pasajeros, casi un 5% menos que en junio de 2008, y el tráfico de mercancías descendió un 11% respecto a la misma fecha. La caída se notó tanto en los vuelos nacionales, que transportaron a un 2,4% menos de viajeros, como en los internacionales, que aterrizaron o despegaron con un 6,3% menos de pasaje, y fue especialmente intensa en los aeródromos de Barcelona-El Prat y Palma de Mallorca, que registraron retrocesos interanuales del 12% para el primero y del 8% para el segundo. Entre enero y agosto de este año han pasado por los aeropuertos españoles 107 millones de pasajeros, un 11,5% menos que durante el primer semestre de 2008. Madrid-Barajas, el de mayor tráfico, vio llegar o salir a 4,8 millones de personas en julio, un 2% menos que en el mismo mes de 2008; el aeropuerto de Palma se colocó segundo en el ránking del mes, con 2,9 millones de viajeros (-4,6%), y el de Barcelona recibió a 2,8 millones, un 7,5% menos. También el volumen de carga transportado denotó el impacto de la crisis, con un total de 49,3 millones de kg en julio y un descenso interanual cercano al 11%.


IBERIA NO QUIERE DOMÉSTICOS


Las aerolíneas hacen lo que pueden para plantarle cara a la crisis, con planes de reducción de gastos que incluyen eliminación de rutas, recortes de personal y un uso más intensivo de los aviones. Así, Iberia tuvo que revisar su plan director 2009-2011 nada más ponerlo en marcha para recortar todavía más la capacidad ofertada; la aerolínea, que ha acusado especialmente el descenso del tráfico business durante el primer trimestre del año en sus líneas americanas (del 24% en las rutas hacia el sur del continente y del 33% en las de Estados Unidos), anunció en abril una nueva reducción de plazas del 4%, y cuenta con ahorrar 200 millones de euros a lo largo del año mediante ajustes de plantilla y congelación de salarios, aplazamiento de las inversiones no urgentes y retraso en la incorporación de nuevos aparatos.
La compañía, que ha reestructurado su cúpula directiva y que mantiene conversaciones con su socia British Airways de cara a una posible fusión, cerró el ejercicio 2008 con unos ingresos de 5.223 millones de euros (-1,5%) y un beneficio neto de 32 millones (frente a los 328 del año anterior, que incluían extraordinarios); un resultado que le costó mucho conseguir, ya que la factura del combustible aumentó un 45% a lo largo de 2008, y que se esfumó rápidamente, al registrar unas pérdidas de más de 92 millones en el primer trimestre de 2009. La aerolínea transportó a 23,3 millones de pasajeros el año pasado, un 2,5% menos que en 2007. Esta tendencia a la baja se ha mantenido en la primera mitad del presente año, con una caída acumulada del pasaje del 7% respecto al primer semestre del anterior. La reducción ha sido especialmente abrupta en los vuelos domésticos, que utilizaron un 15,5% menos de personas; aunque el puente aéreo sigue siendo uno de los puntos fuertes de la aerolínea, ésta ya no está especialmente interesada en el mercado doméstico, en el que se enfrenta a la competencia de otras compañías y de los trenes de alta velocidad. El grupo se centra ahora en la clase business y en los vuelos de largo radio, mientras que el protagonismo en el mercado nacional lo asumirá la nueva Vueling, fusionada con su filial Clickair. Iberia, que intenta sacarle el máximo partido posible a su flota, alcanzó un coeficiente de ocupación del 84,8% en julio (+0,2%), y de casi el 80% (-0,7%) en el primer semestre del año.
 

 

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