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Tarjetas de crédito: más compras y menos cajeros

 

Rosa Abejón

 

El negocio de las tarjetas de crédito ha crecido a buen ritmo en España en los últimos años, y aún goza de una envidiable salud, pero ya no es oro todo lo que reluce; desde finales del año pasado se compra menos y se vigila más el gasto, por lo que los emisores de las tarjetas intentan facilitar -y fomentar- el consumo con productos como el revolving, que permite fraccionar los pagos a crédito, las tarjetas de afinidad y solidarias, o el paypass, una tecnología que nos permitirá usarlas sin necesidad de sacarlas del monedero.


Los españoles somos cada vez más amigos de las tarjetas de crédito. Las usamos no sólo para pagar nuestras compras, sino también, muy a menudo, para sacar dinero del cajero automático. Según los datos de Visa, la mayor red mundial de tarjetas de crédito, en España sólo utilizamos sus plásticos para abonar compras en comercios en el 33% de las ocasiones, mientras que en el resto de Europa ese porcentaje se sitúa en el 70%. Tampoco solemos aprovechar los mecanismos de pago aplazado de las tarjetas, que es donde verdaderamente está el negocio para los bancos emisores; así, la mayoría de las compras que realizamos con tarjetas de crédito las pagamos a principios del mes siguiente, por lo que no debemos abonar intereses.
Según un informe realizado por PricewaterhouseCoopers, el mercado de las tarjetas de crédito creció a un ritmo del 20% en España entre 2003 y 2006; a este gran desarrollo contribuyeron por una parte las circunstancias económicas, con un marco de fuerte crecimiento, creación de empleo y bajos tipos de interés, y por otros motivos de tipo cultural, como el aumento de las compras electrónicas, el incremento de viajes internacionales y una mayor predisposición de las nuevas generaciones a estos instrumentos.
Para hacerlas todavía más atractivas, los bancos o empresas emisoras recurren a prestaciones como el revolving, o posibilidad de fraccionar y aplazar los pagos, o a productos como las tarjetas solidarias, que destinan una pequeña parte del gasto que se realiza con ellas a causas benéficas. Otra modalidad que ya se está probando es el sistema de pago sin contacto, que en un futuro próximo nos permitirá pagar sin sacar la tarjeta del monedero. Y en materia de seguridad, avances como la incorporación del chip EMV, ya ampliamente extendido, hacen más difícil a los cacos falsificar las tarjetas.
A pesar de ello, el “negocio” de la copia de tarjetas sigue dando trabajo a la policía; así, en febrero de este año se desarticuló una banda formada por 128 personas que se dedicaba a la clonación de tarjetas, bien mediante la instalación de teclados falsos y cámaras en los cajeros o bien mediante la manipulación de datáfonos; la banda, que actuaba en colaboración con algunos comerciantes, tenía 800 tarjetas en su poder, con las que compraba productos que otros compinches revendían fuera de España. Utilizando este sistema consiguieron un botín superior a los seis millones de euros. Pocos meses antes, en noviembre de 2007, cayó en Castellón y Tarragona otra banda de falsificadores, formada por 44 personas que utilizaban seis talleres, y entre enero y noviembre se había detenido ya a 110 sospechosos de este delito y desmantelado 12 talleres de copia de tarjetas.


EUROPA DICE NO A LAS TASAS


Pero esta no es la única preocupación de las redes de medios de pago. A finales del año pasado, la Comisión Europea declaró ilegales las comisiones que Mastercard cobra por utilizar las tarjetas de esta marca fuera del país en el que fueron emitidas (las comisiones de las compras transfronterizas), así como las que cobra por usarlas en los mercados domésticos de Bélgica, Grecia, Irlanda, Italia, Letonia, Luxemburgo, Malta y la República Checa. Estas comisiones, que oscilan entre el 0,4% y el 1,2% de la transacción, encarecen el precio final de los productos, ya que el comerciante repercute lo que le cuesta el datáfono (el aparato que lee las tarjetas) en los precios, y estas tasas forman parte de lo que el banco le cobra a él por usar el aparato. La comisaria europea de la competencia, Neelie Kroes, explicó al presentar la resolución que con el sistema de Mastercard los consumidores “pagan dos veces” por sus tarjetas: una al banco, que cobra una comisión de mantenimiento, y otra en el comercio, que encarece los precios para cubrir el coste de los datáfonos. El gobierno de la UE ha concedido seis meses a Mastercard para que elimine estas comisiones, y ya está llamando a la puerta de Visa, a la que hace cuatro años exigió lo mismo, aunque la líder mundial de los medios de pago se salvó de las sanciones comprometiéndose a reducir estas tasas progresivamente, en un plazo que caducaba, precisamente, a finales del año pasado. Aunque las operaciones transfronterizas representan sólo el 5% del volumen total de operaciones que se realizan con tarjeta en Europa, las sociedades de medios de pago y los bancos temen que esta política se extienda también a las operaciones domésticas, que es donde está el verdadero negocio. Según la Comisión Europea, sólo cinco estados de la Unión (Dinamarca, Finlandia, Luxemburgo, Noruega y los Países Bajos) han eliminado completamente las tasas de intercambio. Además de obligarla a eliminar sus comisiones transfronterizas, la UE ha prohibido a Mastercard que aplique una nueva tasa que tenía prevista de cara a la entrada en funcionamiento de la Sepa, el área única de pagos europea. La unificación de los sistemas de pago en Europa permitirá, entre otras cosas, que podamos utilizar una tarjeta de débito emitida en España en cualquier país de la zona euro.
 

 

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