Valores profesionales y empresariales
Joaquín Trigo
La unión de las palabras valores y empresas suele remitir a los títulos
cotizados en Bolsa. Otra acepción se refiere a las pautas de
comportamiento que se consideran deseables en la actividad individual
porque son buenas para las personas que las comparten y para la sociedad.
Cuando alguien se lanza a una corriente torrencial para salvar a una
criatura en peligro se le alaba por la valentía con la que arriesga y por
el resultado de salvar una vida, que podría ser la de un niño al que se
conoce, nuestro hijo o el de un vecino. Se considera valiosa la actitud de
quien hizo el salvamento porque antepuso la seguridad de una personita
indefensa a la propia.
Apreciar una cosa, en la vida económica se refiere a ponerle precio o
hacer una estimación de lo que se puede pedir o pagar por ella. La idea de
la comparación valorativa, en las cosas, se remite a la utilidad relativa
que se les atribuye o, en otras palabras, a la ordenación de las
preferencias de las personas expresadas a través de la disposición a pagar
más o menos por ellas. Sin embargo, también se tiene aprecio o se estima a
una persona y esos sentimientos están cerca de otros más profundos acerca
de lo que es bueno y merece el esfuerzo necesario para obtenerlo.
En las personas los valores son pautas de comportamiento que benefician a
los demás y a quienes las sustentan. Se considera que una persona es buena
cuando ayuda a los demás. Una persona que hace el bien para otros y a sí
misma es buena e inteligente. La que hace el bien para sí mismo por medio
de dañar a otros es malvada. La que perjudica a otros y a sí misma es
estúpida. La que beneficia a otros perjudicándose a sí misma es altruista.
Normalmente, se considera que el altruismo es preferible a los otros
supuestos, pero es fácil acordar que es mejor que se beneficie a los demás
sin perjuicio propio, porque el daño es pernicioso para todos. El
altruismo tendría sentido si el sacrificio, cualquier sacrificio, fuera un
valor en sí mismo, pero sólo se postula como tal si a causa de ese daño se
consigue un bien para alguna otra persona o para quien está destinado.
Aunque en este caso no sería sacrificio puro sino comparación entre daño y
beneficio, presuntamente con mayor peso del segundo.
Los valores se pueden enunciar (André Compte-Sponville, 1995, y Michel de
Montaigne, 1580-88) pero es difícil establecer una jerarquía entre ellos,
tanto si se trata de los que afectan a la sociedad como de los que son
privativos de las personas. Así se suele mencionar el trío
vida-libertad-propiedad como si la secuencia fuera significativa, lo que
puede discutirse porque para muchos una vida sin libertad vale poco y, de
hecho, muchos se arriesgan a perder la vida por defender o conseguir la
libertad. También se hace para acceder a la propiedad y ésta es
considerada como una extensión de la propia persona, que también se
arriesga por defender lo que es legítimamente suyo.
En algunos casos los valores parecen ser contrapuestos. Por ejemplo cuando
se trata de justicia -que reconoce a cada uno lo que es suyo- y de
misericordia, la virtud que inclina el ánimo a compadecerse de los
trabajos y miserias ajenos. Lo mismo ocurre con el perdón que, si se
ejercita, puede cuestionar la justicia. En otros casos son difíciles de
relacionar, como ocurre con la tolerancia y el humor o la valentía y la
persistencia. Por eso el hacer una lista, como se hace en la relación que
sigue, no comporta que el orden de la presentación esté asociado a la
preeminencia de lo primero respecto a lo restante y, tampoco, pretende ser
exhaustiva.
Valores personales: objetividad, respeto, responsabilidad, persistencia,
fidelidad, prudencia, templanza, justicia, generosidad, compasión,
misericordia, gratitud, humildad, sencillez, optimismo, tolerancia, buena
fe, humor, urbanidad, valentía, felicidad, perfección, sabiduría,
amabilidad, instrucción, autonomía, esfuerzo, empatía, integridad y
firmeza.
VALORES EMPRESARIALES
Una empresa no es cosa ni persona (excepto a efectos jurídicos). Es un
acuerdo de asignación de recursos con el objetivo de comprar, vender,
transformar, transportar, prestar, alquilar, informar y cualquier otra
prestación en beneficio de propios y terceros. El que se constituya en
forma individual o colectiva, como sociedad anónima o cooperativa tiene
implicaciones en cuanto a atribuciones de los relacionados con ella en
forma de autoridad para fijar la orientación y asignar los recursos,
reparto de ganancias y otras decisiones. La empresa puede venderse en todo
o en parte; si es sociedad anónima las acciones representativas de cuotas
del capital cotizan en bolsa. Su cuenta de explotación o sus recursos
propios permiten -o al menos eso se busca- pagar sueldos, intereses y
beneficios y su oferta satisface necesidades. A modo de metáfora, se le
atribuyen cualidades similares a las de las personas, aunque sin éstas la
empresa no existe, y de hecho se crea como una entelequia artificial en
servicio a ellas.
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