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Cataluña Económica |
Editorial | |
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Al pan, pan, y al vino, vino
Por no pronunciar la palabra maldita, crisis, el gobierno dice que estamos atravesando un “periodo de dificultades subjetivas”. Aunque es cierto que estas dificultades son mayores para unos que para otros, España se enfrenta a unos hechos que no tienen nada de subjetivos: el petróleo está por las nubes, los precios no dejan de subir y el Banco Central Europeo se apresta a sacar la espada para cortarle la cabeza al terrible monstruo de la inflación. El IPC español alcanzó el 4,6% en mayo, el nivel más alto desde 1995, y se teme que tras el verano supere el 5%. En el resto de Europa la situación no es mejor; el IPC armonizado de la zona euro se situó en el 3,6% en mayo, marcando un récord histórico desde que se realiza esta medición. No resulta extraño, pues, que el presidente del BCE anunciase a principios de junio una posible subida de los tipos de interés que establece este organismo, y que podrían pasar del 4% actual al 4,25%. El Euribor reaccionó rápidamente a la advertencia de Jean Claude Trichet y superó el 5% -batiendo igualmente su récord histórico-, lo que significa que también se han encarecido las hipotecas. Las declaraciones del dirigente del BCE sentaron mal al presidente español, que las consideró inoportunas, pero el organismo europeo está cumpliendo con su deber, y parece que no tiene tantos remilgos a la hora de llamar a las cosas por su nombre. Le pasa a José Luis Rodríguez Zapatero, salvando las distancias físicas e ideológicas en esta cuestión concreta, como al gobierno de la Generalitat de Catalunya con el trasvase, ya archivado gracias a las benditas lluvias de mayo; para no llamarlo por su nombre se le denominó “captación temporal”, y así quedaba todo resuelto: ya no había que saltarse la ley, ni se cambiaba de posición con respecto a lo que se había sostenido antes, ni se admitía que la situación era tan crítica como para tener que recurrir a medidas tajantes. Prácticamente ni se tomaba agua del Ebro, ya, río que por cierto baja estos días rebosante, para alegría de todos. A nadie le caben dudas, a estas alturas, de que estamos en crisis, y el Gobierno demuestra muy poca talla política tirando pelotas fuera. Quizá es poco lo que puede hacer para frenar este proceso, teniendo en cuenta que su política monetaria y fiscal debe ceñirse a lo que marca la UE. Pero si va a tener que acabar pidiéndonos a todos que nos apretemos el cinturón, lo mínimo que puede hacer es reconocer que estamos en crisis, aunque no quede bonito. Y más cuando uno ha hecho bandera de la verdad en el pasado y ha acusado a los demás de no decirla. |