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Cataluña Económica |
Editorial | |
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Regulación financiera: la correa del dragón.
Hace un año que la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers originó la que se considera como peor crisis económica desde la Gran Depresión del siglo pasado. Una vez más, el desastre se fue fraguando lentamente y nadie supo verlo; quizá, pensamos ahora, porque ya nadie puede tener una visión de conjunto de lo que pasa en el complicado y oscuro ámbito de las finanzas internacionales. Lo que sí sabemos es que unos enrevesados productos estructurados que tenían unas calificaciones creditícias magníficas, los CDOs, han acabado traduciéndose en cierres de empresas y problemas para el ciudadano de a pie. Tras unos primeros meses en que todos los esfuerzos se centraron, lógicamente, en “apagar el fuego” y evitar que los sistemas bancarios nacionales se hundiesen, a base de inyectar en ellos muchos millones de euros, los gobernantes se preguntan ahora a quién hay que echar la culpa de este desaguisado y, sobre todo, qué hay que hacer para evitar que vuelva a repetirse. Hay que ponerle una correa al dragón, y de la medida adecuada: ni tan corta como para dificultar la aparición de nuevos productos financieros, ni tan larga como para que nos salga un nuevo Lehman Brothers. Hay algunos puntos sobre los que todos parecen estar de acuerdo, aunque otra cosa es que se tomen medidas al respecto. Uno de ellos es que las agencias de ráting metieron la pata hasta el fondo, calificando como estupendos productos que difícilmente hubiesen podido explicar: deben quedar sujetas a supervisión, igual que los demás actores de los mercados financieros. Otro es la retribución de los altos ejecutivos del sector. Resulta evidente que no se debe premiar, y menos con dinero público, a los autores del desastre, pero más allá de esto hay que procurar que sus sueldos vayan ligados a la actuación a largo plazo; lo contrario es criar cuervos. También debe ponerse coto al apalancamiento que soportan las entidades; recordemos que el banco de inversión americano debía 44 veces el total de sus activos cuando quebró. En cuanto a los bancos, sería deseable que se dotasen de provisiones anticíclicas y tuviesen establecidos unos mínimos de liquidez. Sobre los organismos supervisores, está claro que no tienen la capacidad suficiente; les falta tamaño e interconexión. El problema, opinan los analistas, no está en la ley, que es suficientemente estricta, sino en que los supervisores no pudieron hacer que ésta se cumpliese. Por último, también existe bastante consenso sobre la necesidad de realizar estas reformas ahora. Dentro de dos o tres años, cuando salgamos de la crisis -crucemos los dedos-, la regulación de los mercados financieros pasará a ser un tema secundario en la agenda política... Y los dragones se quedarán sin correa. |