El ambiente de crisis manda en la banca
Juan Carlos León
Los bancos y las cajas conocen mejor que nadie
que la economía del país ya no es lo que ha sido en los últimos años. Su
negocio está sufriendo aceleradas modificaciones. Se acabó el crédito
alocado por el boom inmobiliario, se acabaron los productos referenciados a
las ganancias del Ibex 35, se acabó incluso la confianza en una economía
renqueante que crea desempleo, y eso hace que suba la morosidad.
Sin que se haya llegado a una situación dramática, parece que sólo el
Gobierno cree que esto es sólo una desaceleración, con el petróleo que se
pone en precios imposibles, pues hasta se augura que antes de que acabe el
año estará en los 200 dólares el barril, y el Euribor en unos niveles que
rozan los máximos del 2000, lo que nos hace más difícil la penosa cuesta de
cada economía. ¡Ah! Y con el PIB registrando tasas negativas en el segundo
trimestre del año.
¿Cómo reaccionar ante una situación tan complicada como la que vivimos? Los
bancos temen que la situación se complique más, con la morosidad que empieza
a crecer y sin que se vean soluciones a corto plazo. Si el petróleo y el
Euribor siguen presionando ya veremos cómo afrontar la situación tras el
verano. Porque no bastan los avisos del Gobierno en el sentido de que esto
se está convirtiendo en una acelerada desaceleración. En la presentación de
un informe sobre la situación de la economía española, Roberto Ruíz, máximo
responsable de USB WM Research en España, consideró que existe una elevada
probabilidad de entrar en recesión en la segunda mitad del año.
La inestabilidad que se vive lleva a contradicciones en los análisis que se
hacen sobre la evolución de nuestra economía. Así, el Gobierno prevé que el
crecimiento del PIB será de un 2,3% anual en los dos próximos años. Es la
previsión más optimista sobre cómo va a evolucionar la economía, ya que la
Unión Europea prevé que este año se crezca al 2,2%, frente al 1,7% de la
zona euro, mientras que el próximo año el crecimiento previsto para España
es del 1,8%, frente al 1,5% de la zona euro. Mucho más pesimista es el
diagnóstico de la Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas), que en sus
estimaciones da para España un crecimiento de sólo el 1,6% para este año,
para caer en 2009 a sólo un 0,4%. Ahí es nada; con análisis tan dispares la
inseguridad sobre el futuro de nuestra economía se acrecienta.
Los síntomas de desaceleración son evidentes después de que en el primer
trimestre del año la economía haya crecido ocho décimas menos que el
trimestre anterior, y lo que conocemos del segundo trimestre nos dice que el
retroceso continúa. Y eso que todavía, tal y como están las cosas, los datos
no están siendo malos, pues se ha crecido un 2,7% en el primer trimestre
respecto al mismo periodo del pasado año. Queda por ver cómo a medida que
pasan los meses la economía sigue desacelerándose, aunque falta por saber en
qué medida.
A
finales de mayo, el comisario europeo de Economía, Joaquín Almunia, estuvo
en Madrid en el Foro Nueva Economía. Allí sostuvo que la economía española
seguirá creciendo por encima de la zona euro y aseguró que estamos en un
momento “de preocupación, pero no de dramatización”. Su razonamiento para
entender su optimismo es que ahora la economía de la zona euro se encuentra
en mejor situación que en ocasiones anteriores, especialmente por el
saneamiento de las cuentas públicas y por un mejor mercado de trabajo, que
todavía es capaz de crear empleo. Sin embargo, los análisis de Funcas no se
muestran tan optimistas; muy al contrario, consideran que el frenazo de la
actividad económica repercutirá en el empleo, lo que hará que la actual tasa
de desempleo pase del 9,6% al 12,5% en sólo dos años. Todo por la bajada del
consumo y el retroceso de la inversión. Con ese pesimismo no es extraño que
el presidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA), Juan
Ramón Quintás, haya advertido que la morosidad seguirá creciendo y en 2009
se situará en el 3%.
SÍNTOMAS POR SECTORES
A modo de ejemplo, dos sectores sintetizan las dificultades. Uno por el
recorte de créditos y caída de ventas, el automóvil; otro por los elevados
precios del petróleo. Así, la caída de ventas de coches en mayo fue del
24,3% sobre el mismo mes del año anterior, o lo que es lo mismo la peor
cifra desde 1989. Ni siquiera fue tan malo mayo de 1993, cuando en plena
recesión económica las ventas de coches cayeron un 19,6%. Si tenemos en
cuenta los cinco primeros meses del año, las ventas han sufrido un
importante revolcón, con el 14,3% menos de coches vendidos. Y ya sabemos
que, tras la vivienda, la compra de un coche se considera la segunda
inversión más importante de cada español. El horno no está para bollos,
porque no es que uno decida o no comprarse un coche, sino que si se tiene
que financiar, los bancos y cajas no están por la labor, al haber recortado
también este tipo de créditos, y los que dan salen ahora mucho más caros que
hace un año. Es el dato clave que marca que el consumo está bajando. Las
familias evitan gastar; se nota porque todos los segmentos, desde los
utilitarios, pasando por los familiares, los todoterreno o los coches de
lujo, han bajado sus ventas. Sólo la exportación salva a los fabricantes,
pero los concesionarios temen por el futuro de un sector que tiene 6.000
empresas y da 160.000 empleos.
En el sector aeronáutico, el elevado precio de los combustibles está
incidiendo directamente en los resultados de las compañías aéreas. En sólo
seis meses han desaparecido 24 líneas aéreas en todo el mundo y las
previsiones dicen que la cifra seguirá aumentando, según la IATA (Asociación
Internacional del Transporte Aéreo). Todo con un petróleo carísimo, por
encima de los 130 dólares el barril, y una excesiva oferta ante una demanda
en declive. De beneficios en 2007 (5.600 millones de dólares) se puede pasar
a unas pérdidas de 6.100 millones de dólares. Esto significará que muchas
compañías de bajo coste van a desaparecer por no poder mantener los
competitivos precios que hemos tenido hasta ahora. Y es que, según la IATA,
por cada dólar de aumento del barril de petróleo los costes de las
aerolíneas aumentan en 1.600 millones de dólares.
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