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Los fondos soberanos

 

Josep María Prats

(01/06/2008)

 

El rapidísimo encadenamiento de innovaciones y mecanismos de inversión dificulta aún más algo tan necesario como es el mantenerse al día en un mundo crecientemente complejo y críptico. Ahora son los fondos soberanos los que se erigen en pujantes, y en buen modo enigmáticos, protagonistas, y el proceso parece lejos de estar concluso. Su papel, especialmente oportuno en la presente crisis, genera importante controversia pero sin duda significan ya un relevante cambio en el panorama de los mercados financieros.

En realidad no tienen mucho de enigmáticos. Por de pronto su propia denominación resulta bastante transparente: “fondos”, en tanto instrumentos de inversión plasmada en su cartera, y “soberanos” o empleados por los gobiernos de los estados, que son sus propietarios, para rentabilizar sus activos en otras divisas incluyendo ya al sector empresarial. Y puede también ayudar su denominación, si bien no totalmente exacta, como “fondos estatales de países emergentes”.
Y ya aquí convienen algunas matizaciones. En primer lugar respecto a su fin: obtener una rentabilidad mayor que a través de la tradicionalmente conservadora gestión de las divisas acumuladas en sus bancos centrales gracias a los superavits en las balanzas exteriores. Y con un límite en éstas: una vez que se posee la cantidad mínima deseable para sostener, si ello fuera preciso, el tipo de cambio de la propia, aspecto que nos llevaría a un tema de tanta puntualidad como el hasta qué grado se está hoy manejando dicho instrumento, pero que nos alejaría de los límites de estas acotaciones.
Para entender las mesuras basta indicar que la creciente sucesión de superávit en la balanza corriente, procedente esencial pero ya no exclusivamente de un oro negro con precios disparados, hace que dichas reservas se acerquen a los 1,5 billones de dólares en China y a uno en Japón, mientras que entre Rusia, Taiwán y Corea del Sur acumulan otro billón. Añadamos un referente adicional: se estima que con 1,7 billones se podría controlar las empresas cotizadas en Wall Street, Londres o Tokio.
Y la figura tampoco resulta nueva, bastando buscar precedentes como los vinculados a los “petrodólares” o el tan próximo a España, y a Catalunya, de KIO, sobre el que volveremos líneas más adelante. Como no es tampoco nueva la controversia que la rodea, y sintetizable, escándalos en su manejo aparte, en el hasta qué punto resulta conveniente que un estado foráneo, y en ocasiones de dudosa amistad, acabe dominando las principales empresas de un país.


UNAS REFERENCIAS SIGNIFICATIVAS


Lo que sí resulta nuevo, y puede afirmarse que espectacularmente, es el protagonismo que en los últimos años están adquiriendo en la economía globalizada, con magnitudes y rapidez sin precedentes históricos, y partiendo, también por vez primera, de países, y mercados de capitales, en vías de desarrollo. Pese a la relatividad que, por su propia esencia, ofrecen los datos, se calcula que, pese a su mayoritaria juventud, agrupan ya unos recursos estimados deentre 1,75 y 3,25 billones (europeos) de dólares. De nuevo para situarnos: superior a la renta nacional española o de la Gran Bretaña, al montante de las reservas de todos los bancos centrales o al volumen, por lo demás también difuso, de los emblemáticos y más populares hedge funds, que tras su no menos espectacular boom ascienden a “sólo” dos billones. Desde otra óptica: en los países de Oriente Medio, que hoy concentran los 2/3 del volumen total, el respectivo fondo supera al PIB nacional, y aquí cabría sumar a Noruega, con casos como el de los Emiratos Arabes Unidos, en que equivale a su 525%.
El pujante proceso se ha acelerado coincidiendo con la eclosión de la crisis financiera, o si se prefiere: con las posibles oportunidades de comprar, como acotamos en el Doy Tomo adjunto, en los grandes mercados mundiales a precios de saldo, lo que a su vez nos llevaría, si no significara abusar de la paciencia del lector y del editor, a jugosas, y hasta malévolas, consideraciones. Limitémonos pues a acotar algunos de los casos precipitados desde finales de enero.

 

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